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TANTO VA EL CÁNTARO A LA FUENTE... Por Yaguareté

Siempre hay una primera vez. Hasta para encontrar a aquella papusa, o mina, o percanta, o naifa que luego nos desvelará varias noches seguidas o alternadas, según el caso.

Hubo una primera vez y una señorita que entre risecitas y ademanes modosos hizo perder la línea a un hombre de corazón sensible. Y aquella primera vez ocurrió, la viste en esa milonga que olía a jazmines. Con la vista invadida por el encanto, surcaste el espacio que mediaba entre ella y vos. Sin saberlo, te instalaste muy cerca. Ella bailaba y no te veía. ¡Qué te iba a ver, si estaba en lo suyo! Y vos o, mejor dicho, tus ojos y tu imaginación o tus sueños, volando, planeando por los cielos de una ilusión artera.

La noche, esa amiga temporal y a veces traidora, se fue antes de lo que hubieras querido, pero, ¿qué le va'cha'ché? Nada se pierde, dicen las leyes de la química.

¿Pasó una semana? Tal vez fueron dos. En esas circunstancias, el tiempo es inasible —en realidad, en cualquier circunstancia lo es—. El asunto es que no te acordaste de ella ni de su cara, ni de cómo bailaba, es más, en esas dos semanas, te milongueaste todo. Y resulta, que cuando menos lo esperabas, en aquella otra milonga que no tenía nada que ver con la anterior, ¡zas! Apareció otra vez. Como si tu propio deseo la hubiese transportado hasta vos. ¡Ahí está, gil! ¡Es ella, nuevamente! Pero, claro, compromisos son compromisos y vos tenés que bailar con esa mujer que tantas veces te bancó mientras aprendías. Y mientras bailás con una, mirás a la otra, ¡que feo, che! Pero, en fin, cuando termine la tanda... Si se vienen unas milonguitas... quién te dice... La esperanza tiene ese mágico don de la felicidad a futuro.

Pero resulta que no pasó nada, al llegar a la mesa, te dio charla tu amigo, ¡qué cosa bárbara! Cuando quisiste acordar, páfate, la sacó otro. ¿Pispeaste la mesa de ella? Claro que sí. Está sola, bah, sola no, está con unas amigas, que para vos es como si estuviese sola. ¿Y si encarás en el intervalo? No, no, queda fule. O queda fule o no te animás, bien sabido es que la cobardía oculta su razón en la supervivencia. Además, por ahí la mina se engrupe y después ¡andá a sacarla de esos humos! Habrá que esperar, aunque claro, después vinieron los movidos, la música que no te gusta bailar, y después estabas en el baño y cuando saliste, ¡si habrá destinos fatales! La señorita en cuestión se las picó. Si, si, se fue, y quedaste pagando. Pero no te desesperes, no olvides que el desconcierto es la falta de sapiencia. Otra vez será, te dijiste, y con la cabeza bien erguida, encaraste para la calle.

Bueno, ya se sabe, después vino la semana de laburo, uno se olvida, anda de aquí para allá, que un presupuesto, que un banco, la reunión de los amigos —¿vos no tenés tu reunión de los amigos? —, y uno se olvida.

Sin querer, una noche entre semana, te largaste a una milonga de contrabando. Al otro día había que levantarse temprano, pero, una cana al aire ¿a quién daña?

Viste una cabellera grácil que se meneaba deslizándose por los hombros. La viste desde atrás y te gustó, no sé, ese cabello, el empilche, el porte, ¡vaya a saber!

—¿Bailás? —la abordaste desde atrás. ¡Y el sorprendido fuiste vos! Porque cuando se dio vuelta era ella. ¡El sueño del pibe! ¡Jugar en primera!

Tragaste saliva y saliste a la pista. Te temblaba hasta lo que no puedo decirte porque escrito suena feo.

Terminó la tanda y la dejaste ir como el agua. ¿Qué te pasó? Muy simple. El miedo no es sonso, dicen. Pero, no sufras. El hombre sólo escapa de lo que desconoce y por lo tanto teme. Mañana o pasado, andá a saber, una noche libre de sospechas, en la milonga más inocente, la encontrás otra vez. Y ahí sí, no te para nadie. Le explicás que sos la más langa entre los langas, le batís tu pedigré y le señalás el camino de la felicidad. ¡Vamos! ¡Levantate! ¿No ves que te está esperando? Y cuando la encuentres, ya sabés, tarareale: Agitando el cubilete con los dados del cariño, comenzó la generala pasional de nuestro amor....

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