Siempre hay una primera vez. Hasta para encontrar a aquella papusa , o mina , o percanta , o naifa que luego nos desvelará varias noches seguidas o alternadas, según el caso. Hubo una primera vez y una señorita que entre risecitas y ademanes modosos hizo perder la línea a un hombre de corazón sensible. Y aquella primera vez ocurrió, la viste en esa milonga que olía a jazmines. Con la vista invadida por el encanto, surcaste el espacio que mediaba entre ella y vos. Sin saberlo, te instalaste muy cerca. Ella bailaba y no te veía. ¡Qué te iba a ver, si estaba en lo suyo! Y vos o, mejor dicho, tus ojos y tu imaginación o tus sueños, volando, planeando por los cielos de una ilusión artera. La noche, esa amiga temporal y a veces traidora, se fue antes de lo que hubieras querido, pero, ¿qué le va'cha'ché ? Nada se pierde, dicen las leyes de la química. ¿Pasó una semana? Tal vez fueron dos. En esas circunstancias, el tiempo es inasible —en realidad, en...
por Yacaré Voy de corbata o voy de sport , se pregunta un joven, (¿un hombre?), que ha pasado los treinta y que ha decidido o está decidiendo recalar en la milonga más papa . Y ahí, en la indeterminación de ponerse o no una corbata, puede anidarse el sentido primigenio de esta vida. Sí. Una corbata más o menos, no es simplemente un trozo de trapo que se coloca alrededor del cuello y que debe, o debería, combinar con las medias. Es algo más. En ese momento la corbata se ha transformado en aquello que va a definir la personalidad y el target (palabrita de moda que reemplaza a: objetivo ), del individuo que se halla ante la terrible disyuntiva. Y ante esto, ¿qué podría mediar entre ponerse la corbata o no? ¿es acaso la pregunta simplemente eso, una pregunta? No, ciertamente. Sépase que se ha trastocado en un virtual cruce de sendas. Es el río que separa las orillas entre la adolescencia desenfrenada y el mundo del circunspecto. Lo que, por supuesto no signifi...