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Mostrando entradas de septiembre, 2025

LOS INSATISFECHOS DE SIEMPRE (por Yaguareté)

                         Estaba disfrutando de la mejor música del universo —que sabemos que es el tango—. No tenía ganas de bailarla, quería escucharla, a veces vale más escuchar que bailar, a veces parece que llega más al alma si uno cierra suavemente los ojos y se deja arrastrar en esa melodía apabullante. Bueno, pero este no era el asunto, decía que estaba disfrutando con mis oídos, cuando pasó un pelafustán —de esos que nunca faltan— cerca de mí, refunfuñando: ¿Otra vez Di Sarli? Pero, ¡si ya lo pasaron, viejo! ¡Qué pesados! Y ahí apareció el asunto. Lo miré y comprendí que se trataba de uno de esos insatisfechos de siempre. Quiero decir, que en toda ocasión encuentran algo que les va a molestar. Ellos siempre hallan la manera de estar inconformes. Tienen, también, otras frases a flor de labios, por ejemplo, aquella noche que al término de algunos tanguitos pasó otro por mi lado y comentó: Mamma mía, pensé que e...

EL BAILONGO DE AYER (por Yaguareté)

  El mozo se acerca a la mesa, no es un mozo, es una moza, le sirve el agua mineral, le sonríe, suene al tango deseado, pero es otro tango, la silla se bambolea en una pata, de pronto está bailando, la señorita sonríe como la mesera, y es la mesera, y las luces se pagan y se encienden, y pasan conocidos de siempre, los que nunca faltan a la milonga. Suena un vals que se convierte en tango. El frío de la noche en la parada del colectivo. Es tarde, el boliche está a oscuras y se enciende una luz en el fondo, y viene bailando una pareja que se ríe, y canta ¡y canta!, como si al bailar fuera necesario cantar. Él toma su agua mineral y cabecea. El tango suena con más fuerza a punto de estallar. De pronto todo se detiene y es una película vieja, amarilla, repetida, conocida. Se asombra de sus propios pasos, hace figuras que jamás aprendió. La dama que lo acompaña tiene los ojos azules, pero son grises de tanto bailar. El vestido blanco la aleja de él y está solo en la mesa, ...